Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. Si extrapolamos eso a las condiciones y el entorno de una carrera, podríamos asegurar que la decepción sufrida por la no consecución del objetivo marcado no hace sino hacerte más fuerte para volver a intentarlo.
Ha sido mi cuarta media maratón, y una doble lectura martillea mi cabeza:
Por un lado, muy contento por terminarla a pesar de las dificultades de las dos últimas semanas, justo esas dos semanas tan importantes para cuidar cada detalle y poner el broche a una preparación de una carrera de 21 kms. No las tenía todas conmigo: faringitis aguda, fiebre, una mala alimentación derivada de ello y la consiguiente pérdida de peso, de masa muscular y por tanto, de potencia.
Por otro lado, bastante decepcionado. De hecho, a medida que pasan los días siento más decepción aún si cabe, ya que se me resiste ese objetivo de bajar de 1 hora 40 minutos. Los dos últimos intentos han resultado fallidos y empieza a convertirse en una obsesión, en un muro infranqueable.
Sensación agridulce pues, pero con la idea de volver a intentarlo con más esfuerzo y empeño aún, en un futuro no muy lejano.
El marco era inmejorable: una temperatura perfecta para correr, sol y poco calor; la hora de inicio(9:30 h), todo un acierto.
7.500 runners, 7.500 objetivos sobre el tapete: un recorrido precioso por las calles de Málaga, mi Málaga, esa ciudad que me acogió desde muy pequeño y me vió crecer hasta convertirme en un hombre.
Los momentos previos al pistoletazo de salida siguen siendo...cómo decirlo: intensos, especiales. Nervios, cosquilleo en el estómago, tensión, ansiedad por empezar, ilusión, y sobre todo, mucha incertidumbre.
Se da la salida, y debido a tanta masificación de gente tardo unos 3 minutos en pasar por la salida. Hay mucho tapón y eso me impide comenzar al ritmo previsto. Voy sorteando gente pero es complicado, habrá que tener paciencia.
Hasta el km.3 no se despeja la cosa, justo cuando comienza el paseo marítimo. Por fin puedo correr sin aglomeraciones, y empiezo a coger velocidad de crucero, pero me doy cuenta de que no voy súper, me falta un puntito, una marcha más. Hasta el último momento albergas la ilusión de que te vas a encontrar al 100%, ya que has entrenado bien y has hecho los deberes, pero el cuerpo es sabio y recibes un baño de realidad.
Hay mucha gente, muchos aplausos. Se percibe el ánimo y el calor de la gente. También hay bandas de música cuyos acordes intentan motivar y animar a los corredores, y vaya si lo consiguen: notas que aportan colorido y luz sobre un asfalto oscuro, incómodo, feo.
La primera mitad de la carrera es muy lineal, se hace pesada. La vuelta es más amena, recorriendo algunas calles del centro.
Llevo un ritmo constante, aunque insuficiente para conseguir mi objetivo. Pero es un ritmo que me permite ir progresando poco a poco, adelantando a bastante gente, algo muy importante para tener frescura mental.
A mitad de carrera (km.10), me tomo el gel, un chute de azúcares y carbohidratos, una pequeña ayuda para poder mantener la intensidad del esfuerzo hasta el final de la carrera. Si te lo tomas no notas nada, no te da alas, no es un red bull. Pero si no te lo tomas... ahí sí que lo notas.
Estoy disfrutando de la carrera, respiro hondo, contemplo el paisaje, me fijo en las caras de esfuerzo de la gente. Percibo ciertas dosis de solidaridad en algunos gestos, ese código no escrito entre deportistas. Es algo que destila nobleza. El simple hecho de que te ofrezcan agua antes de tirarla o de que te avisen si hay algún obstáculo en el suelo para no tropezar.
Llegamos al km.15, y ya se nota el cansancio en las piernas; hay que apretar un poco los dientes y hacer un esfuerzo para mantener el ritmo. Hay que llegar entero, quiero llegar fresco, a buen ritmo.
Intento disfrutar de cada zancada: estoy en paz conmigo mismo, hice todo lo que estuvo en mi mano durante la preparación para intentar tocar hoy la gloria con los dedos, pero no es mi momento.
Se me viene a la cabeza mi mejor entrenamiento: 18 kms. a ritmo de 4'50'', un ritmo que de haber conseguido llevarlo hoy, me hubiera permitido estar en disposición de lograr mi objetivo. Intento paladearlo y saborearlo, ese día ya no me lo va a quitar nadie.
Pasamos por el km.18. Vamos, un último esfuerzo, hay que sacar hasta el último ápice de fuerza, de ganas, de coraje... Es el momento de sufrir, hay que morir sobre el asfalto (metafóricamente hablando), ese asfalto que intenta engullirte cada vez con más fuerza.
Máxima concentración, km. 20, ya se divisa el estadio de atletismo en el horizonte. Cada vez hay más gente animando y gritando, y la carretera empieza a estrecharse poco a poco.
Todo esto merece la pena: mientras escribo estas líneas se me pone la carne de gallina. Superación personal, explorar los límites de tu cuerpo, averiguar tus capacidades, dar todo lo que tienes, derribar esas barreras mentales que todos tenemos, desterrar el "no puedo", autoconvencerse del "si puedo" y sobre todo del "si quiero". Piernas corazón y cabeza, un trinomio que en perfecta armonía es capaz de absolutamente todo.
Entro al estadio, ya está ahí la meta. Voy como en un túnel, totalmente abstraído de todo lo que me rodea. Una media maratón más en el saco, esa locura que me inyectó en vena mi amigo del alma, Barry.
Cruzo la meta y paro el crono en 1 hora y 47 minutos. Siempre es la misma sensación: paz interior y satisfacción, una bella consecuencia del hecho de darlo todo, de entregar todo lo que tienes dentro.
Ahora todo tiene sentido, todo cobra valor. Esas tardes de sacrificio y sufrimiento, esos entrenamientos sin tener ganas, esas interminables vueltas al recinto ferial haciendo series de 1 km, esos entrenamientos de 14, 16, 18 kms. con los que parecía que podías llegar al fin del mundo.
Lo que siento en estos momentos, lo que pasa por mi cabeza, compensa todo el esfuerzo con creces.
Tienes ganas de llorar y de reír a la vez, pero no puedes. Es un momento en el cual se te pasan las cosas por la cabeza a velocidad de vértigo, pero en unos instantes te recompones y vuelves a la realidad, empiezas a percibir de nuevo lo que te rodea. Tu cabeza se resetea y tu subconsciente ya está maquinando, aunque tú aún no lo sepas...
He intentado plasmar en estas líneas todas mis sensaciones y pensamientos. Muchas gracias a todos por leerme y por los ánimos!!! Espero que os guste.
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